Elecciones Perú 2026. La ultraderecha peruana, entre el sabotaje y el fraude
Las anomalías experimentadas en el proceso electoral 2026, ha desatado una
simulada rabia entre los líderes políticos de la ultraderecha peruana, que acusan
al jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Piero Corvetto,
de ser el cabecilla de un fraude que favorecería a la izquierda. En un contexto
contaminado por las acciones antipolíticas de un sector de costumbres
antidemocráticas y fascistoides, cuyo discurso intolerante y “fraudista”, ha
empezado a tener como caja de resonancia a algunos candidatos presidenciales de
otro espectro, además de grupos correspondientes a la progresía y a la
izquierda peruana. Por lo que, quizás
para evitar esas cada vez más demoledoras e irracionales críticas al sistema
político nacional, además de escapar de todo el ruido derivado de esas cuasi “folklóricas”
acciones de sabotaje que los sectores ultraconservadores suelen sacar adelante,
religiosamente, cada cinco años, lo más aconsejable hubiese sido invalidar las
elecciones y convocar a otra que no esté dañada
por la “retención” de material electoral en distintas zonas de Lima, además de
los votos de ese grupo de electores que, al hacerlo un día después, sabían de
antemano algunos resultados.
Una nueva elección, pero solo si Piero Corvetto, ahora víctima de un
inusitado bullying —denunciado penalmente incluso por un
organismo análogo, como el Jurado Nacional de Elecciones (JNE)—, continúa
en el cargo. Porque de no ser así, es decir, si Renovación Popular y Fuerza
Popular logran sacarlo de la jefatura de la ONPE, para poner en su lugar a
algún títere fujimontesinista, correspondiente a la derecha bruta y achorada (DBA),
el nuevo sufragio estaría totalmente pervertido por la voluntad licenciosa y
sediciosa de los sectores más retardatarios del país, que generalmente aspiran
a crear las condiciones fraudulentas para que Keiko Fujimori y Rafael López
Aliaga arrasen en primera vuelta, para que puedan así, copar la cámara de senadores
y diputados, además de lograr que ambos se disputen la presidencia del Perú, y no
haya posibilidad alguna de oposición.
Cabe mencionar que, el proceso electoral fue contaminado desde el inicio,
pero no porque los “caviares” o la “zurdería”, digitada por Gustavo Gorriti,
vía Corvetto, hayan realizado un “fraude” —palabra que desde hace
casi dos décadas, suele caracterizar a la ultraderecha en general y al fujimorismo
en especial, cuando estos no obtienen los resultados esperados—; sino
porque las elecciones generales de este 12 de abril, han sido violentadas por un
boicot sistemático a las acciones y responsabilidades de dicho ente electoral.
Sabotaje que tiene como eje más visible a Renovación Popular y su cabecilla Rafael
López Aliaga, desde una serie de acciones dirigidas a entorpecer el proceso, enturbiándolo,
para finalmente apuntar al “secuestro” del material electoral, y tener como resultado
el retraso en la entrega de las actas correspondientes a 211 mesas de sufragio,
equivalente a 63 mil electores, que ascienden a un 23 % de votos no realizados,
que tuvieron que esperar al lunes 13, para hacerlo.
De ahí que López Aliaga haya salido, como un psicópata, a “incendiar la pradera”,
insultando, presionando y divulgando infamias en contra de Piero Corvetto, además
de amenazarlo de muerte (“No sé si quede vivo”: https://share.google/S8z9foFYKTM98GTTN
)—, pues es a él, a quién quiere destituir a toda costa —acciones que tras
bambalinas el fujimorismo criminal auspicia y aplaude. Además de acusarlo,
desde semanas antes de las elecciones, de ser el responsable de un fraude “caviar”
que favorecería a la izquierda, fraude a todas luces inexistente, sobre todo
porque el retraso de material electoral no ha implicado la manipulación de padrones
y adulteración de cédulas —lo que sí implicaría fraude—, sino
un boicot sistemático, por parte de terceros, que han intentado viciar el
natural ritmo de estos procesos, boicot que dio lugar debido a patrones
electorales que no dado lugar a que, en algunos lugares, el proceso electoral resulte suspendido o
viciado, debido a padrones electorales que no llegaron a tiempo, sumado a la cantidad
considerable de mesas electorales que no pudieron abrirse.
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| Conteo rápido Ipsos al 95.7 % / Resultados oficiales ONPE al 93.57 % |
En todo caso, ha sido la DBA, la que, desde un Congreso criminal, ha copado
casi todas las instituciones del Estado, por lo que, desde hace mucho necesita controlar
también la ONPE, además de poner a sus marionetas en el JNE, y poder así, tener
el camino libre para manipular cifras electorales y amañar elecciones, para que
estas siempre favorezcan a ese siempre soñado ascenso de Fuerza Popular, a la
presidencia. Algo que solo resultará factible, si la Señora K, pasa acompañada
por López Aliaga —ambos integrantes del “pacto mafioso” que ha tomado
el Congreso— a la segunda vuelta electoral. Lo que explicaría por qué el cabecilla de
Renovación Popular, aparece profiriendo groserías y difamando impunemente a
todos los que se le oponen; esto, debido a que, en su rol porcina, le
corresponde radicalizarse, envilecerse y ensuciarse más; mientras la líder del
fujimorismo, inusitada y estratégicamente, se mantiene reservada, para presentarse
así, durante la segunda vuelta electoral, como una candidata buena y moderada.
Resulta extraño también que Keiko Fujimori haya logrado pasar, en primer
lugar y con un relativo amplio margen, como la primera opción política en la
lista de resultados de la ONPE, con poco más del 17 % de los votos válidos,
seguido por el 12 % de su principal perseguidor, Roberto Sánchez del partido
Juntos por el Perú. Algo sospechoso, porque la figura de Keiko, con el paso de
los años —debido a sus antecedente corruptos y a su nociva influencia sobre el Estado
desde una bancada de impresentables—, se ha ido deteriorando hasta ceder algo
de su espectro de electores lumpen, al partido Renovación Popular. Pero, sobre
todo porque ha sido ella, la que ha venido gobernando, desde uno de los peores
legislativos de la historia, marcado por una alianza de extremos fujicerronistas,
en un Congreso del hampa que tiene el mayor índice de desaprobación de la historia,
un 93 %, una institución habitada por los responsables de las subrepticias
gestiones de ese “pacto mafioso” que ha venido gobernando y lapidando, desde el
legislativo, al país. Un Congreso que, no obstante haber sido el responsable del
aumento de los índices de extorsión, muerte, inseguridad y criminalidad en el
país —tras aprobar aquella serie de “leyes pro-crimen”—, prácticamente ha sido reelegido.
En todo caso, es ese súbito ascenso electoral de Keiko Fujimori, insólito
si recordamos que, en la primera vuelta de las Elecciones Generales de 2021,
Pedro Castillo había alcanzado el primer lugar, con un 18.92 % de votos válidos;
mientras la señora K, ocupaba el segundo con 13.40 %; en tanto, López Aliaga el
tercero, con 11.45 %. Cambios considerables, si comparamos las cifras de hace
cinco años, con las de este 2026; algo que quizá pueda explicarse desde dos
argumentos que, de alguna manera, pueden simplificar el fenómeno. Primero,
asociado al hecho de que Keiko ha experimentado la inyección de un número inusitado
de votos nuevos, captados a partir de ese proceso de “migraciones controladas”
por la ultraderecha peruana, evento asociado a lo que fuera el “Grupo de Lima”,
que ha tenido como consigna política, crear un quintacolumnismo conservador
extranjero que pueda servir de control al progresivo empoderamiento y ascenso
de una izquierda etnocultural en territorio peruano. Por lo que impulsaron,
para ello, una masiva emigración de individuos antiprogresistas, antichavistas
y fascistas venezolanos hacia Perú, quienes han sido, los que, tras obtener la
ciudadanía peruana, habrían empezado a nutrir ese nicho populista, antipolítico,
profascista y procriminal, espectro que, debido a esa excesiva angurria pospolítica
que ha caracterizado a la ultraderecha peruana, ha ido perdiendo.
En segundo lugar, podemos entender ese incremento de votos favorables para
Fuerza Popular, un partido catalogado judicialmente como “organización criminal”,
desde aquella añeja práctica clientelista-populista del fujimorismo: la de dar
dádivas y comprar votos; procedimiento denunciado también en elecciones
anteriores, pero que tienen incidencias en estas elecciones. Sobre todo, porque
ese han divulgado informes que dicen, que el partido de marras, habría estado
pagando a un sinnúmero de personas, para que estos voten por su candidata, y
tomen una foto a la cédula de sufragio marcada, para que finalmente puedan
cobrar el dinero prometido ( https://www.facebook.com/share/r/1AtaW5QFjQ/
).
En ese sentido, del fujimorismo conocemos ya su modus operandi extorsionador,
salteador, clientelista y golpista, y sabemos que de ello fueron víctimas
expresidentes como Pedro Pablo de ello ya fueron víctimas los expresidentes Pedro
Pablo Kuszinski, Martín Vizcarra y Pedro Castillo. No obstante, el sector conservador
y corrupto de la ultraderecha política peruana, que tiene como patrones al
grupo de familias congregadas en torno al Club Nazional, no solo está integrado
por organizaciones políticas lacayas, que resultan funcionales a lo deseos de
una oligarquía antinacional y antipatriótica, partido priorizado sobre otros,
porque ellos han demostrado ser los sicarios más eficientes, al momento de hacer
los trabajos sucios. Además de comprender la función, en todo este engranaje,
de todas esas agrupaciones políticas actualmente popular-fascistas, marcadas
por el rótulo “populista”, en sus denominaciones, como Renovación Popular,
Acción Popular, Partido Aprista (Alianza Popular), además de grupos de fachada clientelistas
como Alianza para el Progreso y Podemos Perú.
En todo caso, ha sido López Aliaga, consciente de que podría quedar fuera
de la segunda vuelta, el que, con una replana de ladrón de esquina, ha salido
con la “pata en alto” a denunciar un presunto “fraude” que se habría cometido
durante el proceso electoral; y a convocar, si es que no se anulan las Elecciones
Generales 2026, a la “insurgencia civil” ( https://www.facebook.com/share/r/182VzDmgMp/
); además de amenazar al presidente del JNE, Roberto Burneo, de sodomizarlo
para hacerlo más hombre ( https://youtube.com/shorts/QuepcohhzGw?si=ifSFjxNFh7JRRl8V
), si es que este no declara la “nulidad de este fraude electoral”.
En este sentido, la posibilidad de que exista una oposición “caviar”, contraria
al “pacto mafioso” que gobierna desde el Congreso al país, una oposición que
tenga la capacidad de gestión para realizar un fraude de las dimensiones
planteadas por el líder de Renovación Popular, no es posible. Pues, en un
escenario en el que las instituciones y poderes del Estado han sido copados y
secuestrados por los políticos criminales, mercantilistas y corruptos de
siempre; por lo que resulta casi imposible, se genere una estructura logística
que, desde la “izquierda caviar” o desde la izquierda popular, pueda llevar
adelante un proceso fraudulento, contrario a los intereses de una ultraderecha
hegemónica, y más aún, que una asonada como esa, pueda terminar con éxito.
Contrariamente, ha sido la ultraderecha la que, durante el último lustro, desde
un Congreso criminal que ha logrado anticonstitucionalmente la ampliación de
espectro electoral y la dispersión del espacio político —35 partidos participaron
en estas elecciones—, ha dado lugar a la excesiva fragmentación de
votos y votantes, preparando el camino, con ello, para un peligroso continuismo
congresal-totalitario y clientelista, alineado a los intereses corruptos de las
grandes empresas. Además de haber creado las condiciones fraudulentas para que
un gobierno corrupto, antidemocrático y fascistoide, como el que el fujimorismo
encarnaría, asuma la presidencia. Un Congreso fortalecido, aún más, debido a
que —desobedeciendo las decisiones ciudadanas asociadas a un referéndum que votó
en contra de dividir en dos cámaras el legislativo— ahora contará con una instancia intocable de senadores y otra de
diputados.
En tanto, existen evidencias de un presumible boicot a las labores de la
ONPE, maquinado directamente por López Aliaga y compañía, sabotaje que habría
impedido la óptima gestión de las labores preelectorales de dicha organización.
Acciones sospechosas que deben ser investigadas y judicializadas. Sobre todo,
porque la empresa responsable de la distribución de las ánforas y actas
electorales, durante aquel domingo de elecciones, la que generó el retraso en
la entrega del material electoral, es decir, Servicios Generales Galaga, ha estado
relacionada a las gestiones corruptas del partido Renovación Popular, y López
Aliaga, en la Municipalidad de Lima.
No obstante, hay un asunto que sospechosamente no está presente en las
discusiones que vienen dándose entorno a la claridad o no de las elecciones, y
que forman parte de las exigencias en pos de la transparencia y legalidad de un
proceso democrático. Datos que están siendo cuestionados ni divulgados por la
prensa concentrada peruana —casi íntegramente alineada a los intereses
de una ultraderecha fascista y a las voluntades de la clase social dominante—, ni
investigados por los organismos de justicia electoral ni por el Poder Judicial.
Sobre todo, porque se ha reportado casos de manipulación y fraude focalizado,
que favorecían al fujimorismo, desde actas electorales correspondientes a diferentes
zonas del país, previamente marcadas con el símbolo de Fuerza Popular.
Ese Modus operandi, natural al fujimorismo, hizo que, también
durante la primera vuelta de 2021, se dieran evidentes casos de manipulación y
alteración de resultados; pues, el candidato que debió pasar a segunda vuelta, acompañando
a Castillo, que había ocupado el primer lugar, no fue Keiko, sino Hernando de
Soto, de Avanza País —que no dijo nada a pesar de las evidencias que
hablaban de robo y suplantación de votos—; y como el único que reclamó y acusó al
fujimorismo de haber realizado fraude, sindicándolos como los responsables de
haber adulterado las cifras, para ubicar a Keiko en el segundo lugar, fue López
Aliaga, a manera de consuelo, a este, se le terminó ubicando en el tercer lugar, relegando al medroso
Hernando de Soto, al cuarto puesto.
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| Mapa electoral 2026 |
Fuerza Popular es quizá la única agrupación política o el único partido que puede contar con una estructura nacional efectiva con la capacidad de gestionar un fraude electoral, fraude que implicaría la articulación de una serie de redes asistenciales y clientelares nacionales, estructuradas para la manipulación de actas, en diversas zonas del país, incluyendo zonas remotas. De ahí que se han reportado, también en estas elecciones, evidencias de manipulación del material electoral, como el caso de las planillas correspondientes a toda una mesa, que no presentaban la opción para votar por el líder del partido Juntos por el Perú, ( https://www.facebook.com/share/v/1YAsFf1DNU/ ); o el de ánforas electorales integras, encontradas en Loreto y en Tumbes, cuyas cédulas habían sido marcadas previamente con el símbolo del fujimorismo ( https://www.facebook.com/share/r/1HJyyh8N4E/ ).
Otro elemento anómalo que también pudo enturbiar aún más el proceso, se
encuentra en las divergentes estadísticas, ofrecidas por las empresas Ipsos y
Datum, correspondientes primero al flash electoral, y luego, a los resultados
del “conteo rápido”, que mostraban un sospechoso desacuerdo en los porcentajes
y las cifras de ambas compañías. Pues, mientras Ipsos, que había realizado su
sondeo por encargo de Transparencia y el National Democratic Institute, mostraba
resultados un tanto más cercanos a las cifras que luego emitiría la ONPE, pues ubicaba
en primer lugar a Keiko de Fuerza Popular, con un 17.1 %; seguido por Sánchez
de Juntos por el Perú, con un 12.4 %; y ponía en el tercer lugar a López Aliaga
de Renovación Popular con 11.3 %; seguido por Jorge Nieto, del Partido del Buen
Gobierno, con 10.8 %; la empresa Datum, a servicio del Grupo El Comercio y
América Televisión —medios alineados a los intereses de la
ultraderecha financiera peruana—, irresponsablemente se apresuraba a
publicar unos resultados totalmente distintos, cifras que, no obstante ubicar
también en primer lugar a Keiko, con 16 %; ubicaba en la segunda casilla a
López Aliaga, con 12.8 %; seguido por Nieto, en tercer lugar, con 11.6;
mientras relegaba a Sánchez a un “improbable” quinto lugar, con 10 %, porcentaje
que resultaba risible, si lo comparamos con la cifra divulgada por Ipsos.
De alguna manera, mientras los resultados del conteo rápido de Ipsos
tuvieron que esperar hasta el mediodía del lunes 13, para ser divulgados, puesto
que ese lunes se habían abierto las mesas para que sufraguen los que habían
quedado pendiente el día anterior; las sospechosas cifras de Datum, fueron
publicadas apresuradamente, durante la noche de ese mismo domingo. Las razones
pueden desprenderse de los discursos “fraudistas” que se han estado divulgando
durante todos estos días. A todas luces, lo que Datum buscaba, no sabemos las motivaciones,
era que su sondeo se convierta en el pretexto perfecto para que López Aliaga
reclame la manipulación de los resultados y refuerce sus acusaciones de fraude
en contra de la ONPE, y continúe pidiendo que se anulen las elecciones.
Tras la divulgación de los resultados definitivos del
conteo rápido, realizado por Ipsos, al 95.7 %, inmediatamente empezaron a
circular una sarta de insultos, en contra de dicha empresa y en contra de
Transparencia, diatribas que buscaban deslegitimar unas cifras que finalmente
fueron las que más se acercaron a las estadísticas oficiales que ha estado
proporcionando, durante estos días en la ONPE. En tanto, los desesperados
partidarios de un triunfo de López Aliaga sobre Sánchez, empezaban a enarbolar
los resultados de Datum, como los correctos, para, de esta manera, clamar ´fraude
y seguir ensuciando los acidentados resultados de las elecciones. En todo caso,
las evidencias de un fraude electoral, realizado desde el polo caviar, que incluiría
a Gorriti y a Corvetto, no existe, o por lo menos no los tiene López Aliaga, lo
que lo ha llevado a ofrecer 20 mil soles de recompensa, a trabajadores de esos
organismos electorales, que le puedan brindar informacion veraz sobre irregularidades o fraude en el proceso,
un proceso marcado por el sabotaje que está ejerciendo Renovación Popular.
Tal vez es en esta etapa, en la que el líder de Renovación
Popular le corresponde llevar a cabo su repugnante campaña —marcada por la bravuconería, el discurso sexista y los
agravios— en pro de sabotear las elecciones
e impedir que se conozcan los resultados finales de esta priera vuelta, que la
lederesa de Fuerza Popular permanece tranquila. No obstante, la historia reciente
nos dice que, ya en la segunda vuelta, será Keiko la que no reconozca su
derrota y mande al trasto los resultados electorales, y pase a inaugurar un
lustro nuevo de pataletas, componenda, leyes procrimen, extorsión, infamias y
estrategias de vacancia, que determinarán el futuro político inmediato de lo
que conocemos como democracia representativa en el Perú, en su versión más
viciada y teratológica. Algo que evidencia aquella pulsión antidemocrática,
mercantilista y autoritaria, característica a los sectores hegemónicos y
retardatarios que detentan fácticamente el poder. Actores, cuyos avatares políticos,
no hacen otra cosa que envilecer aún más al país. Empeñados, como están, en
entorpecer y ensuciar el precarizado espectro de esa ficción que conocemos como democracia peruana.
Rafael Ojeda


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